Pipetas
Las pipetas proceden originalmente de la tecnología de laboratorio y se utilizan para la microdosificación de líquidos. Suelen estar compuestas principalmente por un tubo capilar, normalmente de vidrio. En el extremo inferior se encuentra una abertura por la que se aspira el líquido, que después puede liberarse de forma muy lenta, es decir, gota a gota. En la parte superior suele haber una pera o ayuda de pipeteo de goma o silicona; al presionarla se genera un vacío que aspira el líquido hacia el tubo y lo mantiene allí hasta que se vuelve a accionar el mecanismo. Otras pipetas, en cambio, cuentan con una segunda abertura, de modo que el vacío puede generarse simplemente tapándola con el pulgar.
Gracias a su dosificación precisa gota a gota, la pipeta se utiliza con gusto detrás de la barra para medir, por ejemplo, bitters o esencias, que ya en pequeñas cantidades tienen un efecto notable. También las técnicas experimentales de la cocina molecular requieren ocasionalmente trabajar con una pipeta. Por último, puede emplearse como un recurso llamativo de servicio: se presenta junto al plato o al cóctel, de modo que el cliente pueda decidir por sí mismo si desea añadir un ingrediente y en qué cantidad. Las llamadas pipetas para whisky suelen acompañar a whiskies de alta calidad, ya que la adición cuidadosa de unas gotas de agua puede ayudar a que los aromas se desplieguen mejor.
Por lo demás, el volumen de una gota depende de distintos factores como la densidad, la viscosidad y la temperatura. Según el cuentagotas normalizado del Deutsches Arzneibuch (Farmacopea Alemana), 20 gotas de agua equivalen aproximadamente a 1 ml de líquido.